Smartcities: “Si no beneficia a la señora María, estamos muertos”

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“Cuando la gente me habla de smartcities, me pongo nervioso. Los políticos somos especialistas en inventarnos términos que no significan nada”. Sobre el escenario, Antoni Vives, tercer teniente de alcalde de Barcelona, que claramente no tiene pelos en la lengua y que – teniendo en cuenta que llega de la ciudad más inteligente de España – sí sabe qué es una smartcity. Vives ha asegurado que no se trata de comprar tecnología, no se trata de ponerse a medir el tráfico de los buses en una aplicación: una ciudad inteligente tiene que pensar primero cómo quiere serlo y cómo mejorará la vida de sus ciudadanos y luego hacerse con la tecnología.

“Las ciudades tenemos que ser lo suficientemente inteligentes como para saber qué queremos”, apuntaba Vives. “El auténtico reto es llegar a ser clientes de empresas muy inteligentes”; y no, por tanto, comprar esa tecnología únicamente. “Las ciudades son fábricas de vivir obsolescentes, que solo sirven para vivir y que tienen que volver a servir para producir”.

“Si no beneficia a la señora María, de la calle Ardilla Voladora, estamos muertos”, aseguró con rotundidad, en el debate con el que se presentó en Madrid el Smart City Expo World Congress, que se celebrará en Barcelona a mediados de noviembre. “Las smartcities son una tendencia creciente”, había dicho poco antes el secretario de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información, Víctor Calvo-Sotelo. El ministerio de Industria, del que depende su secretaría, apoya a la red de smartcities de España y trabajan para apoyar a las ciudades inteligentes españolas. “Una de las cuestiones más interesantes es la variedad de iniciativas existentes”, ha señalado, “creando un mosaico variado”.

En medio de esta nueva Revolución Industrial, como la ha identificado Antoni Vives, hay que esforzarse por ser la mejor versión posible de esa ciudad concreta, apuntaba el teniente de alcalde barcelonés; lo que implica muchas veces compartir, mirar ese mosaico.

“Las ciudades somos como las personas”, indicaba poco después Manuel Sanromá, director de tecnología del ayuntamiento de Barcelona. “Aquí hay 50 personas y no somos iguales, aunque si nos duele la cabeza respondemos igual”. Sanromá recomendó, por tanto, pensar en términos de ciudades, más que en países (Barcelona puede tener más similitudes en su problemática con Amsterdam que con Tarragona, ejemplificó). “No hay dos ciudades iguales, pero que iguales son todas…”, comentaba. Por eso, abogó por crear un mercado de soluciones en el que se hable de estándares y protocolos, “de lo común y no de las virguerías que hacemos cada uno”. Antoni Vives también apostó por hacer soluciones de abajo a arriba: “el mejor modelo es el que intentamos construir todos juntos”.

Salir de la crisis

“Las smartcities son la solución a la crisis de las ciudades”, apuntaba Rafael Achaerandio, research & consulting director de IDC España. Las tecnologías de las ciudades inteligentes pueden propiciar un ahorro de costes considerable. Lluis Torrens, gerente del Public-Private Sector Research Center de IESE Business School, coincidía en las oportunidades de salida de la crisis de las smartcities y señalaba que el reto era, ante una tecnología que ya existe, la falta de unos modelos de inversión.

Varios son los puntos clave a seguir, según Torrens, para dar el salto y convertirse en una ciudad inteligente. Hay que interpretar las oportunidades adecuadas, priorizar las más rentables, evitar los errores cometidos hasta ahora en el que las decisiones no siempre se tomaban por eficiencia económica y hay que pensar bien como se van a hacer las cosas. “Hemos estado una década invirtiendo para gastar, ahora hay que invertir para ahorrar”, declaraba.

“El que no salga por ahí, va a estar en crisis toda la vida”, advirtió Antoni Vives. “La ciudad que no apuesta por esto va a desaparecer como jugador global”.

Foto cc jeffedoe

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