La innovación en España se deteriora cada vez más

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Los problemas por los que atraviesa nuestro país en este largo periodo de crisis ponen en evidencia que hoy no resulta posible sostener una economía desarrollada con un tejido productivo mayoritariamente dedicado a productos y servicios de bajo valor añadido, cuyo fuerte crecimiento reciente se ha basado principalmente en la edificación y en sectores manufactureros tradicionales, muy poco dependientes de la tecnología. En España, sólo el 1% del valor añadido bruto es generado por empresas de alta tecnología y, escasamente, el 4% por las de media-alta tecnología, cuando en los principales países avanzados estos porcentajes son tres veces superiores.

En estos momentos, en los que el acceso a la financiación es muy difícil y la demanda interna muy débil, las empresas españolas tienen que mirar al exterior para poder sobrevivir, accediendo a mercados en los que la única manera de competir es ofreciendo productos y servicios que aporten un valor añadido diferenciador. Y esto se consigue principalmente a través de la innovación, entendida como cualquier cambio que, basado en el conocimiento, genera valor.

Cada vez hay más empresas españolas que han logrado sobrevivir gracias a su habilidad para llevar a cabo transformaciones de este tipo, pero en todo caso poco se ha hecho para mejorar de forma generalizada este proceso de adaptación de nuestra economía a un entorno cada vez más globalizado y, por eso, cada vez más competitivo. Y la situación, a la vista de los datos más recientes parece que, lejos de mejorar, empeora.

 

Juan Mulet es Doctor Ingeniero de Telecomunicación y Master en Gerencia de Empresas (MBA). Fue director del Centro de Investigación y Estudios de Telefónica, director general adjunto de Telefónica I+D S.A. y consejero-director general de Amper Programas S.A. Actualmente es director general de la Fundación Cotec para la Innovación Tecnológica y forma parte del Consejo Asesor de Ciencia, Tecnología e Innovación, constituido recientemente por la Secretaría de Estado de I+D+i. Leer más

 

 

Según las últimas encuestas oficiales, publicadas por el INE a finales de 2012, las actividades españolas dedicadas a generar conocimiento (I+D), y a aplicarlo para obtener nuevos bienes y servicios (innovación), han disminuido sensiblemente, tras muchos años ininterrumpidos de fuerte crecimiento. Todos sus indicadores, incluso aquellos que parecían más resistentes y que, afortunadamente, eran los que tenían consecuencias económicas más directas, tienen ahora valores menores que antes de esta recesión.

Estos datos, correspondientes a 2011, señalan que el gasto empresarial corriente en I+D ha disminuido, por primera vez, y lo ha hecho en un 2,37%. Hasta ahora esta magnitud había resistido la crisis, lo que aseguraba que las empresas seguían manteniendo su actividad innovadora, aunque se vieran obligadas a reducir de forma importante la inversión, que antes hacían para mejorar su capacidad investigadora. Muchas de estas empresas podían seguir siendo competitivas y por esto eran exportadoras, pero la pérdida de esta condición puede poner en peligro su supervivencia.

El número de empresas con actividades de I+D también descendió nuevamente, pero esta vez de una manera diferente y más grave. En los años anteriores, la disminución se producía en el segmento de tamaño que va desde los 10 a los 49 empleados. La disminución anual era realmente importante pero podía explicarse reconociendo que en este tamaño las empresas están poco consolidadas y, por lo tanto, son más vulnerables. En el año 2011, la disminución total de las empresas con I+D ha sido del 2,64%, menor que en años anteriores pero, por primera vez, las que más han disminuido han sido las del segmento de empleo que va desde los 50 a los 249 trabajadores, que son empresas mucho más consolidadas y, por tanto, más vitales para nuestra economía.

El porcentaje de empresas innovadoras, tanto si tienen actividades de I+D como si carecen de ellas, pero que renuevan su oferta o su forma de desarrollar su negocio también ha disminuido, de forma que sólo el 31% se reconocen en 2011 como tales. Y los gastos en innovación tecnológica, que incluye también los de I+D, se han visto reducidos en casi un 9%. Como referencia para evaluar estos datos, puede utilizarse el casi 65% de las empresas alemanas o el 47% de las de Finlandia que manifiestan ser innovadoras.

Como es lógico, los indicadores generales de nuestro sistema de innovación han seguido incrementando el ritmo de deterioro iniciado con la crisis. El dato más reseñable es que el gasto en I+D, como porcentaje del PIB, se ha reducido por primera vez en muchos años para situarse en 2011 en el 1,33% frente al 1,39% registrado en 2010. Lo mismo ha ocurrido con el número de investigadores en empresas y en el sector público.

Estos datos demuestran que se está deteriorando el sistema español de innovación que, aunque todavía era pequeño como para convertirse en el motor de nuestra competitividad, ha alcanzado ya un cierto grado de madurez y dinamismo y debería ser la base para cambiar nuestro modelo productivo.

Un deterioro que se produce básicamente justificado por la actual crisis global, cuando los principales países de nuestro entorno están apostando fuertemente, no sólo por mantener, sino por aumentar su capacidad de innovación. Es el caso de Alemania o Francia, que entre 2008 y 2010 aumentaron sus gastos en I+D en más de un 5%.

Son datos que deberían hacer reflexionar, no sólo a los políticos y a los empresarios, sino a todos los ciudadanos, sobre si no nos estamos dejando llevar, al calor de la actual situación económica, por una peligrosa inercia de inacción que puede hacernos perder los últimos veinte años de avance y de progreso de una forma un tanto temeraria.

 

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Juan Mulet es Doctor Ingeniero de Telecomunicación y Master en Gerencia de Empresas (MBA). Fue director del Centro de Investigación y Estudios de Telefónica, director general adjunto de Telefónica I+D S.A. y consejero-director general de Amper Programas S.A. Actualmente es director general de la Fundación Cotec para la Innovación Tecnológica. Además, forma parte del Consejo Asesor de Ciencia, Tecnología e Innovación, constituido recientemente por la Secretaría de Estado de I+D+i, del Consejo Social de Farmaindustria, del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España y de la Academia Europea de Ciencias y Artes. Ha sido Profesor Adjunto Titular, Encargado de Cátedra y Titular de la Universidad Politécnica de Madrid y Profesor Asociado de la Universidad Carlos III de Madrid. Y fue miembro del Industrial Research & Development Advisory Committee (IRDAC) y del European Research Advisory Board (EURAB), de la Unión Europea, y del Consejo Científico Asesor de Telefónica I+D. También fue consejero de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y miembro del Consejo de Administración de varias empresas.

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